Cambió la forma en que recibimos las noticias

 


Hace treinta años, la información sobre leyes y decisiones políticas dependía de los periódicos, radio y televisión. Ellos analizaban y daban su opinión antes de que la gente pudiera entender lo que realmente estaba pasando. Las noticias tardaban en llegar y, cuando lo hacían, ya estaban distorsionadas por rumores y comentarios subjetivos. La opinión pública se formaba según lo que dijeran estos medios, que a su vez podían estar influenciados por su afiliación política. Muchas veces, las personas se enteraban de los eventos cuando ya habían tenido un impacto en su vida.

 

Con la llegada de las redes sociales, la manera en que consumimos noticias ha cambiado por completo. Hoy en día, estos medios siguen informando, pero su papel ha evolucionado. La información ya no es exclusiva de ellos. Cualquier persona con acceso a internet puede opinar y compartir noticias, lo que genera un bombardeo de información de todo tipo: opiniones inteligentes, críticas bien fundamentadas, comentarios de intelectuales, pero también desinformación y rumores.

 

En este nuevo panorama, las personas han aprendido a filtrar la información. Ahora cada quien decide a quién escuchar y a quién ignorar. Sin embargo, el resultado es el mismo: nos enteramos de lo que ocurre mucho más rápido que antes. Antes que el muerto se despida del calor de su cuerpo ya nos hemos enterado de su deceso. En ocasiones y espero que sin querer lo matamos antes de que fallezca.

 

Además, ha surgido una generación de jóvenes que dominan la forma de comunicar noticias a través de redes sociales. Con videos cortos y podcasts, logran captar la atención de la audiencia. Pero más allá de informar, su objetivo muchas veces es ganar seguidores para luego obtener ingresos mediante publicidad en sus plataformas. Aunque hay sabios libres pensadores, existen quienes se aprovechan de su habilidad noticiera para producir un poco de dinero.

 

Lo positivo de esta nueva era es que la libertad de expresión sigue vigente y permite que la gente exprese sus opiniones sin miedo. Sin embargo, este derecho puede estar en peligro si la oposición crece y el gobierno se ve acorralado por críticas constantes debido a una mala gestión. En ese caso, podríamos ver una reacción masiva del pueblo, como ocurrió en el verano de 2019, cuando las protestas exigieron cambios ante la indignación, corrupción y abuso de poder.

 

La historia nos ha enseñado que cuando la gente se cansa de la mentira y la injusticia, se levanta para exigir un cambio. No todos los políticos son corruptos, pero el sistema está diseñado para favorecer a los más poderosos. Aun así, siempre hay pequeñas voces que, como David contra Goliat, luchan contra las grandes estructuras de poder. Y en ocasiones, esa pequeña piedra bien lanzada puede derribar gigantes.

*El autor es cirujano pediátrico, catedrático y escritor.


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