Sonrisa Lánguida
Anhelar que viva de nuevo y resucite entre fallecidos, se resguarda apacible en la penumbra de mi cabalística mente y pesa como un yunque de platero. Hace que vuele en un hálito de luz el pensamiento de que nunca habría muerto. Cuantos asuntos le hubiera contado desde mis mininos años de párvulo. Decidido a cruzar el semáforo de la pesada avenida habitual, el tráfico me mantuvo en vela parturienta al siguiente cambio de luz. Sumido en la música que emanaba dentro del hermético silencio del coche en que viajaba, no me daba cuenta que una mendiga, estrenando aquellos lares, pedía que le depositaran unas migajas de escarcha monetaria en su vacía lata. Con el breve roce de nuestras miradas pude notar una sonrisa lánguida en su desgastado semblante. Su piel curtida por el sol de mediodía, su lívido cutis, ojos furtivos, pequeños y hundidos como cueva de crustáceo estremecían al más impío de nosotros. Me lanzó una sonrisa minusválida de que muchos años antes nos había...