Yo soy la UPR!
Cuando en 1979 recibí la carta de la Escuela de Medicina de Harvard informándome que era su primera alternativa si alguno de los 140 admitidos rechazaba su plaza, sentí algo inesperado. Alivio. No por el rechazo, sino porque para mis padres —quienes ya se esforzaban al máximo pagando mi colegio privado— aquella matrícula y estadía hubiera sido imposible. La Universidad de Puerto Rico (UPR) fue, desde entonces, no un segundo destino, sino el único destino posible. Resultó ser mi mejor destino. Desde los cinco años quise ser médico. El Recinto de Ciencias Médicas (RCM) de la UPR me recibió en 1975 y me formó durante cuatro años en el arte y la ciencia de la medicina. Luego completé cinco años de cirugía general en los hospitales afiliados de la misma universidad. Quería ser cirujano pediátrico, pero una plaza que me acepto en Washington quedó fuera de mi alcance económico en 1984. Una vez más, el RCM ideó un plan que fortalecía y daba servicio al pueblo. Decidiero...