Hacer el bien no me convierte en comunista
En ciertos momentos de nuestra conversación pública, basta defender la solidaridad, la igualdad o la ayuda al necesitado para que alguien levante el dedo acusador y pronuncie una palabra que pretende terminar toda discusión. Comunista. La etiqueta no se utiliza para comprender una idea, sino para desacreditar a quien la expresa. Así, una propuesta que debería evaluarse por sus méritos queda condenada sin análisis. Los médicos conocemos bien esa contradicción. Cuando asumimos los compromisos éticos tradicionalmente asociados con el Juramento Hipocrático, prometemos aliviar el sufrimiento, proteger la vida, respetar la dignidad humana y atender al enfermo sin discriminar por su riqueza, procedencia o posición social. En términos prácticos, ofrecemos nuestros conocimientos según nuestra capacidad y respondemos al paciente conforme a su necesidad. Algunos de estos principios también coinciden con preceptos defendidos por el pensamiento comunista. Reconocer esa coincidencia no...