Se hace camino al andar
Entre tormentas locales y continentales, la angustia del pueblo no ha hecho más que intensificarse.
Transcurrido un mes marcado por paradojas en el recién electo gobierno del país, un periodo donde la incertidumbre se ha vuelto la norma. Enfoco esta reflexión en el torbellino que hemos atravesado hasta ahora.
Se ha instaurado un régimen totalitario. Como alguien acertadamente señaló, un banquete total.
El gobierno, respaldado por un partido controversial, controla el poder ejecutivo, legislativo y judicial, relegando a la oposición minoritaria a un papel simbólico. Persisten en su agenda pro-estadidad, aun cuando el pueblo la ha rechazado de manera contundente en repetidas ocasiones. No obstante, continúan asignando fondos del erario y, peor aún, otorgan mayor poder a los jefes de agencia para impulsar una causa que ha demostrado ser estéril. Jefes que deberían enfocarse en fortalecer cada una de las instituciones gubernamentales para el beneficio del país.
En el primer acto de esta tragicomedia política, se designa a un secretario de agencia cuya misión principal es poner fin, de una vez por todas, a la alarmante degradación ambiental en la comunidad de La Parguera. Sin embargo, al constatar que su resolución de 1978 no ha sido respetada, el Cuerpo de Ingenieros opta por retirarse de la controversia, dejando al territorio y sus habitantes en un limbo administrativo.
Paradójicamente, dependemos de agencias federales para evitar que nuestros propios gobernantes nos despojen de nuestra identidad. Como un acto insólito y simbólico, intentan acallar la memoria de Ricardo Alegría, despojando su obra de su valor cultural para convertirla en un mero apéndice del desarrollo económico. Sus cientos de miles de piezas, guardianas de nuestra historia, quedarán relegadas al olvido en estanterías, mientras las tierras que deberían preservarlas pasan a manos de benefactores del partido para la construcción de hoteles.
Como si esto no bastara, proponen erigir una estatua en honor a un presidente continental, representante de un continente sumido en un caos impulsado por órdenes ilegales. Su objetivo parece ser desestabilizar, sembrar confusión y consolidar un régimen autoritario con tintes dictatoriales. Mientras tanto, el mundo asiste al nacimiento de un nuevo episodio de opresión y exterminio. Como tantas veces antes, lo que afecta a esas tierras nos golpea a nosotros con igual intensidad.
El oportunismo político alcanza su máxima expresión cuando el gobierno se adjudica el mérito de un programa de residencia que fracasó precisamente porque ellos mismos lo dejaron colapsar. Todo con el único propósito de capitalizar logros ajenos dentro de una estructura de poder cimentada en la manipulación y el beneficio propio.
A esto se suma la persecución de inmigrantes, con o sin estatus legal, iniciando una cacería de brujas que rememora las persecuciones del Tercer Reich. El desconcierto y la desesperación se apoderan de quienes confiaron en un gobierno que ahora les da la espalda, traicionando sus esperanzas y dejándolos a merced de la incertidumbre.
Después de este mes convulso, las redes sociales han pasado del fervor a un descontento silencioso. Reinan la frustración, la soledad y la angustia ante lo que está por venir. El daño psicológico será incalculable, aumentando la demanda de atención psiquiátrica hasta el punto de requerir nuevas instituciones para atender a una sociedad enferma.
Si el PAN desaparece o si se obliga a trabajar a quienes aún pueden hacerlo, el malestar social se tornará insoportable. La incertidumbre y la desesperanza amenazan con devorar a nuestra isla del encanto.
*El autor es cirujano pediátrico, catedrático y escritor
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