El Espectáculo de la Política

Leí con una mezcla de asombro y resignación las palabras vertidas en el fragor digital, como si la tinta virtual se deslizara sin freno, sin medida, sin conciencia de su peso. El presidente del Senado, figura que debiera encarnar la solemnidad de su investidura, se ha entregado a un duelo de improperios con un periodista de la televisión, no un debate de ideas, no un cruce de argumentos, sino una riña de callejón donde el lenguaje se degrada y el decoro se convierte en una pieza de museo, algo a lo que se mira con nostalgia pero que nadie se atreve a restaurar. ¿Cómo es posible que un hombre que preside un cuerpo legislativo, que es llamado honorable en los pasillos donde se deciden los destinos del país, adopte la vulgaridad como su escudo, la agresión como su lenguaje? No es que la sorpresa me embargue, hace tiempo que la política dejó de ser el arte de gobernar para convertirse en un espectáculo de sombras, donde las palabras son proyectiles y ...