La cara oculta de las bicicletas eléctricas
Cada vez son más las calles donde bicicletas eléctricas y patinetes comparten espacio con automóviles, peatones y ciclistas tradicionales. Lo que hace apenas diez años era una curiosidad tecnológica se ha convertido en una alternativa real de transporte para millones de personas en todo el mundo, impulsada por su bajo costo energético, la posibilidad de esquivar el tráfico y sus beneficios evidentes para la salud y el medioambiente. Pero detrás de este auge silencioso —literalmente, dado lo poco ruidosos que son estos vehículos— crece también un conjunto de datos que invita a la cautela.
Diversos estudios científicos recientes coinciden en un punto. Los accidentes más frecuentes en bicicleta eléctrica no son colisiones con otros vehículos, sino caídas propias del propio ciclista. Derrapes en pavimento mojado, tropiezos al cruzar bordillos o vías de tranvía, y maniobras bruscas para esquivar obstáculos explican la gran mayoría de los siniestros. Uno de cada seis usuarios habituales ha sufrido alguna vez este tipo de percance.
Un dato llama especialmente la atención. Aunque los hombres tienen más accidentes en general, son las mujeres —sobre todo aquellas que recién comienzan a usar este tipo de bicicleta— quienes presentan mayor riesgo al montar una eléctrica en comparación con una convencional. La explicación más plausible, según los investigadores, no está en la bicicleta en sí, sino en la falta de familiaridad. Mucha gente que nunca había pedaleado antes se está subiendo por primera vez a una bicicleta eléctrica.
La población infantil es otro foco de alarma. En algunos países, mientras las lesiones por bicicleta convencional en niños han disminuido año tras año, las relacionadas con bicicletas eléctricas no dejan de crecer. Son lesiones más graves, como fracturas, traumatismos internos y hospitalizaciones son más comunes que en accidentes con bicicletas tradicionales. A esto se suma un dato preocupante. La inmensa mayoría de los menores lesionados no llevaba casco en el momento del accidente.
Existe además un riesgo menos conocido, pero igual de real. El de las baterías. Los incendios provocados por baterías de litio defectuosas o mal cargadas han dejado casos de quemaduras graves, algunos de ellos en niños que acceden a baterías mal almacenadas en el hogar. Los expertos insisten en no dejar estos dispositivos cargando sin supervisión, evitar los kits de conversión no certificados y comprar siempre equipos con sellos de seguridad reconocidos.
No todo son sombras, sin embargo. La evidencia también respalda con fuerza los beneficios de estos vehículos. Mejoran la condición física de quienes antes no hacían ejercicio, reducen las emisiones de dióxido de carbono cuando sustituyen viajes en automóvil y descongestionan las ciudades. Los especialistas coinciden en que el problema no es la tecnología en sí, sino la velocidad con la que se ha masificado sin que la infraestructura vial, la regulación y la cultura de seguridad se hayan puesto al día.
La conclusión que se repite en la literatura reciente es clara. Bicicletas y patinetes eléctricos llegaron para quedarse, y sus ventajas son reales. Pero aprovecharlas sin pagar un precio en accidentes exigirá carriles adecuados a mayores velocidades, campañas efectivas de uso del casco, normas más estrictas para baterías y cargadores, y una atención especial a los usuarios más nuevos y más jóvenes, que son quienes hoy concentran buena parte del riesgo.
*El autor es cirujano pediátrico, catedrático y escritor.
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