Nueva escuela de medicina: ¿más médicos o más migración?

 


Por: Humberto Lugo-Vicente MD* 

 

Puerto Rico se encamina a contar con una quinta escuela de medicina, la primera nueva en más de 40 años. La Universidad Ana G. Méndez, en alianza con el Hospital Auxilio Mutuo, recibió la autorización de la Junta de Instituciones Postsecundarias para establecer un programa de Doctorado en Medicina en su recinto de Carolina.

 

La institución proyecta comenzar en agosto de 2028 con una primera cohorte de 75 estudiantes. Sin embargo, esa fecha dependerá de que el programa complete satisfactoriamente los procesos adicionales requeridos, particularmente la obtención de la acreditación preliminar de la Liaison Committee on Medical Education —LCME—, necesaria antes de reclutar y matricular estudiantes en un programa conducente al grado de Doctor en Medicina.

 

La noticia llega en un momento crítico. Las cuatro escuelas de medicina actualmente acreditadas en Puerto Rico gradúan colectivamente alrededor de 360 a 395 médicos al año, aunque la cifra varía según el año y la fuente consultada. Incorporar una quinta escuela representa una oportunidad valiosa para numerosos jóvenes puertorriqueños que compiten por espacios limitados para estudiar medicina. Pero producir más médicos no resolverá, por sí solo, la crisis de salud del país. El verdadero cuello de botella se encuentra un paso más adelante: las residencias médicas.

 

Puerto Rico dispone de poco más de 200 plazas de entrada a programas de residencia. No todas son categóricas ni todas conducen directamente a completar una especialidad. Tampoco todos los graduados de nuestras escuelas solicitan adiestramiento en la isla. Aun así, existe una diferencia considerable entre el número de médicos que se gradúan anualmente y la capacidad local para ofrecerles formación posgraduada.

 

Un análisis basado en datos del “Accreditation Council for Graduate Medical Education” —ACGME— encontró que, entre 2022 y 2024, Puerto Rico experimentó un aumento neto de apenas 41 plazas de primer año. Esa cifra incluyó posiciones para especialistas, subespecialistas y programas transicionales, por lo que no representa exclusivamente 41 residencias categóricas nuevas.

 

Si la nueva escuela gradúa eventualmente una clase completa de 75 estudiantes, Puerto Rico podría producir aproximadamente entre 450 médicos al año. No todos competirán por residencias locales, pero la presión sobre los programas existentes aumentará si el número de plazas no crece proporcionalmente.

 

Aquí es donde el proyecto se convierte en una apuesta de doble filo. Si la isla no amplía simultáneamente sus programas acreditados por la ACGME, muchos de esos futuros médicos tendrán que entrenarse en Estados Unidos. Entonces surge la pregunta que más debería preocuparnos: ¿regresarán?

 

La evidencia disponible ofrece motivos tanto para el optimismo como para la preocupación. Puerto Rico retiene aproximadamente el 70% de los médicos que completan aquí su residencia, la segunda tasa más altas entre las jurisdicciones estadounidenses. Esto confirma que el lugar donde un médico se adiestra constituye uno de los predictores más importantes de dónde terminará ejerciendo.

 

Por la misma razón, quien se marcha a completar una especialidad en Estados Unidos tiene mayores probabilidades de establecer allí su práctica. Los salarios más altos, los procesos de reembolso más ágiles, una infraestructura hospitalaria más robusta y menos obstáculos administrativos pueden reducir considerablemente los incentivos para regresar.

 

La emigración médica de Puerto Rico está bien documentada, pero debemos hablar de ella con precisión. Datos históricos indican que 365 médicos abandonaron la isla en 2014 y alrededor de 500 lo hicieron en 2015. Durante esos mismos años, aproximadamente 278 y 293 médicos, respectivamente, completaron su adiestramiento de residencia. Estas cifras demuestran la magnitud que alcanzó el éxodo, pero no deben presentarse como una estimación anual vigente sin contar con datos más recientes.

 

La brecha salarial tampoco es el único factor, aunque sí uno de los más determinantes. Los índices de referencia por beneficiario de Medicare Advantage en Puerto Rico han sido aproximadamente 40% inferiores al promedio de los estados. Esta diferencia no significa necesariamente que cada médico reciba exactamente 40% menos por sus servicios, pero sí refleja una desigualdad estructural que afecta a aseguradoras, hospitales, grupos médicos y proveedores.

 

A esto se añade que el financiamiento federal de Medicaid en Puerto Rico continúa sujeto a limitaciones asociadas con su condición territorial. Aunque el Congreso ha asignado fondos suplementarios temporales —algunos vigentes hasta 2027—, la isla no disfruta del mismo modelo abierto de financiamiento que reciben los estados.

 

Mientras estas condiciones estructurales no cambien, cada nuevo médico que formemos —sin importar cuántas escuelas se establezcan— corre el riesgo de convertirse en una inversión educativa y social que termine beneficiando a otra jurisdicción.

 

Por eso, antes de admitir la primera clase en 2028, sería razonable exigir a la Universidad Ana G. Méndez, al Hospital Auxilio Mutuo y al gobierno un compromiso concreto. ¿Cuántas plazas categóricas de residencia estarán disponibles cuando esa primera clase se gradúe, posiblemente en 2032? ¿En qué especialidades se crearán? ¿Cómo serán financiadas? ¿Qué medidas se implantarán para que a esos médicos les resulte profesional y económicamente viable permanecer en Puerto Rico?

 

Abrir una nueva escuela de medicina puede ser una gran noticia. Pero el éxito no debe medirse únicamente por el número de estudiantes admitidos ni por la cantidad de diplomas otorgados. Debe medirse por cuántos de esos médicos completan aquí su formación, encuentran condiciones dignas para ejercer y permanecen sirviendo al país que invirtió en ellos.

 

Formar más médicos sin crear las residencias y las condiciones necesarias para retenerlos podría aumentar las estadísticas de graduación. También podría aumentar la migración. La diferencia entre ambos resultados dependerá de lo que Puerto Rico haga desde ahora hasta 2032.

 

*El autor es cirujano pediátrico, catedrático y escritor.

 

 

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